Enfermera, camisolín, carteles que dividen los espacios...y ahí estamos con mi hija Magdalena, para que le arrebaten su precioso lunar del párpado del ojo derecho.
Dijeron que es mejor sacarlo ahora, que dejará una cicatriz muy pequeña, y no más adelante cuando crezca.
La verdad es que era un lunar lindo. Sensual.
Ahora ya está de vuelta...hizo unos cuantos chistes y se quedó frita.
Mientras leo a Mankell, quien con sus crónicas, me inspira para contar esta mía.
Y ella sigue soñando.
Pienso en la suerte que tenemos de poder estar en esta sala de recuperación tan agradable.